Este adiós es quizá,
el momento más lejano de tus besos.
La interrogación que responde,
en silencio, a nuestras dudas.
El perderte sin tenerte, y encontrarte
–casual- en una simple mirada.
Tan sencillo, como darme cuenta del presente.
O escaparme de espaldas a tus brazos.
O llorar. O bajar la mirada.
Dejar congelado cualquier reproche.
Tan difícil como despedirme de ti.
Este adiós consumido, es casi eterno
y al final, siempre nos quedará París.