Noches de revoluciones

Estallaban las revueltas

como si el mundo acabase mañana,

y el juicio final se titulase:

¡Qué clase de hombre es aquel que no mejora el mundo!


Tu llevabas ese abrigo corto y fino,

como si el frío sólo fuese

un instante entre el adiós y el beso.

El segundo más leve de tus manos.


Me decías que vivíamos,

los mejores días para amar,

para soñar utopías y vivir revoluciones,

para sentir aunque sólo fuese un instante, la Libertad.


Yo te abrazaba y brindaba tus palabras,

sintiéndome el tipo como más suerte del mundo.

Ese que, en aquellas pelis de Hollywood,

encendía un cigarro y miraba de soslayo,


y decía dos palabras ahogadas y sinceras

y miraba al suelo buscando

alguna respuesta que se hubiese perdido.

Tu callabas y mirabas el mundo.


Sonreías en silencio y dejabas la copa,

Quizá después de todo, el mundo

acabase esta noche en tu cama,


y ese largo beso fuese sólo

el preámbulo de una revolución

que comenzaba y acaba en tu cuerpo.