Una palabra, una sonrisa.
Un intercambio de teléfonos,
Quizá mañana..., espero verte de nuevo.
Luego llegó el esperar una llamada
como el expresso que llega a media noche.
Mis manos temblaban al recordar
el suave roce de las palabras que nunca dijimos.
Pero así es la vida, me dijiste,
nunca sabes si esta plaza fue,
el refugio que ambos andábamos buscando,
en esta tarde de enero.