Odio
la manera en que desmontas mis enfados,
con la
palabra precisa y tu sonrisa,
a la
que odio en todos los momentos que al mirarme,
creo
que la felicidad es alcanzable.
Odio
tus abrazos, tus labios,
tus
manos frías protegiendo mi costado del calor.
Los
años a tu lado y los colchones,
en que
descubrí tu olor y tus caminos.
Odio
que tus lágrimas me revienten,
tu
forma de subir por la escalera,
mirarte
desde el balcón cuando vuelves a casa,
o que
no haya manera de borrarte de mi biografía.
Es
extraño odiarte tanto sabiendo,
que en
cada uno de mis poros están tus besos.
Odiarte
sabiendo a ciencia cierta que eres uno de mis pulmones,
y que
odio que seas tú quien me salve del abismo.
Pero
sobre todo odio que vayas a leer este poema,
que
siempre seas la protagonista de mis libros,
que no
tenga secretos que guardarme,
y que
todo este odio sea mentira.