No debí preguntarte por aquellas fotos
de familia
que nunca colgaron de tus paredes.
Ni por los peluches que recuerdan una
infancia
que nunca tuviste.
No debí hablarte en aquel bar,
pensando
que serías una chica cualquiera.
Ni invitarte a la última copa en mi
casa,
mientras el alba bañaba las aceras.
No debí hacer nada de eso, para no ver
más allá
de los miles de piercing que adornaban
tu cuerpo,
Para no oírte llorar a escondidas
lamentando
que el sexo sea sólo la forma de salir
huyendo.
Y no debí hacer nada de eso porque
ayer me enteré
que tu pasado eran cicatrices y
heridas.
Que yo fui el único que te quiso,
aunque fuese una noche,
antes de que saltases desde aquella
azotea.