Madrid, a 27 de mayo de 2012




Pequeña Libertad,

Tendrías que haber visto cómo tomamos la plaza y por un instante, todo fue posible. Hace un año nadie pensaba que este movimiento que nos envuelve pudiese traer una primavera tan clara. Ni siquiera podíamos soñar que nuestros hijos nos verían como vemos a nuestros padres: luchadores de otro mundo posible.

Te eché de menos a mi lado, aunque siempre supe que estabas cerca. Quizá más cerca que otras veces, porque compartíamos ideas y sueños. Siempre me acuerdo de ti en las manifestaciones, gritándole a la injusticia y combatiendo con palabras lo que ellos defienden con violencia. En esos momentos siempre te veo como eres, grande a pesar de tu tamaño, viva a pesar de los inviernos, y caminando a pesar de las zancadillas.

Gracias a ti aprendí a regalar claveles un catorce de abril y a recibir libros por sorpresa, a desayunar café y conversaciones, e incluso a bailar, aunque sólo lo haga contigo y a escondidas.
Por eso, cuando me manifiesto, siempre lo hago con la esperanza de que promulguen una ley para que regreses pronto a casa.

Cuídate mucho,

Guille.