Fin del niño que fui



Entré al armario buscando al monstruo que me había atormentado las noches de mi infancia, pero allí sólo había ropa.

4 comentarios:

Tropiezos y trapecios dijo...

A veces los monstruos (y rara vez billetes de cinco, diez, veinte o incluso cincuenta euros) se esconden en los bolsillos de la ropa.

Y cambiando de tema. Me encantó el libro que tienes en la mesilla, lo leí hace relativamente poco y me dejó enganchado. Volví a disfrutar como un niño con él :-)

Un abrazo.

Oski.

ane dijo...

20 palabras perfectamente enhebradas. Perplejita me he quedado.

un abrazo grande.

Roxana dijo...

Y si sigues buscando tal vez encuentres a ese niño que espera ser consolado de los miedos del hoy.
Saludos Ladrón, preciosas palabras, encierran mucha ternura.

Tropiezos y trapecios dijo...

¿Miraste bien? Nunca hay que extrañar a nuestros viejos monstruos y fantasmas...si se han marchado ha sido por algo que un día acabaremos comprendiendo.
Posiblemente sea todo más sencillo, puede que solo se trate de que su papel en nuestra historia ya ha terminado. Y aunque los antiguos se vayan siempre llegan otros...algunos los percibiremos y a otros no :)
Sin embargo tu "yo niño" se ha quedado...estoy segura...si no jamás nos hubieras regalado dos líneas tan hermosas que con tan poco dicen muchísimo.
Esa claridad de la sencillez, esa profundidad meditada y no, enternecedora y cruel, despistada y a la vez tan despierta... solo es propia de la infancia :)
Un abrazo inmenso!!!
Favole