Historia de dos abuelos

Tanto ella como él sabían que las peores tormentas
se desataban con una simple gota.
Quizá por eso le preguntó despacio por sus miedos,
y ella sonrió con la infinita ternura de los mejores besos.

No le fue fácil adaptar sus silencios a su risa,
ni dominar sus horas solitarias entre libros,
a las miles de palabras por minuto que escapaban
de aquellos labios infinitamente rojos.

Ambos sabían de historias que terminan en fracaso,
de platos rotos y lágrimas saladas. Y sin embargo,
decidieron concederse una tregua y ser,
la excepción a todos los amores complicados.

Amaron siempre con mesura y se abrigaron
contra el frío que levantan los finales.
Construyeron un hogar sencillo y eterno,
que acabó, felizmente, tras sesenta años de abrazos.

9 comentarios:

María Isabel GS dijo...

JODER, es más que precioso.

María Isabel GS dijo...

JODER, es más que precioso.

María Isabel GS dijo...

JODER, es más que precioso.

Oski dijo...

Ese Luisín bueno en estado puro :-)

Muy emotivo. Me encantan los poemas que cuentan historias. ¿Quién no querría un final así?

Un abrazo

Vértigo dijo...

Y como muchas veces me pasa contigo mis ojos se vuelven vidriosos y tengo que contener lágrimas... Quien sabe si mis labios rojos vivirán un amor así...

San Carbajo dijo...

Si el amor puede definirse con palabras, este poema sin duda es su definición.

Un abrazo grande artista!

Catadora de Sabores dijo...

Increible! me encanta!!
Eso busco yo, alguien con quien "construir un hogar sencillo y eterno,
que acabe, felizmente, tras sesenta años de abrazos."
Felicidades Ladrón :)

patapalo dijo...


Una lluvia de estrellas con sesenta años de abrazos...

Me ha encantado.

David Moya dijo...

últimamente conecto (o no consigo hacerlo) mucho más con el contenido de las manifestaciones artísticas que con la forma. Demasiado artificio por lo general... Enhorabuena por esta visión del amor, por la ternura y el grado de profundidad con que lo concibes. Eso, en sí mismo, ya es poesía.